sábado, 21 de diciembre de 2013

El París de antaño

Si han de concederme un deseo, pediría -aunque les parezca que peco de osada o que la altanería ha llegado al máximo punto de ebullición en  mí- formar parte de la pléyade de escritores del París de antaño.

Estoy segura que mi deseo les ha causado risa, pero esto es lo último que intento hacer. Sólo expreso un melifluo deseo que hace poco tocó a mi puerta, osada y libremente se instaló y ya hasta bandera plantó. Díganme, ¿cómo luchar en su contra entonces? La respuesta es evidente.

Es obvio que no comprenden la intensidad de mi deseo, incluso me tomo el atrevimiento de afirmar que este es totalmente superfluo ante sus ojos. Pero ya saben lo que dicen: ¡Soñar no cuesta nada!... ¡Mentira! Sí cuesta, en ocasiones mucho en ocasiones poco, pero cuesta. Y tal vez se pregunten cuánto me ha costado a mí este deseo -literalmente- imposible. Pues bien... Me ha costado una tortura, una lucha frente al espejo con mi reflejo, que me grita -como la mayor de las burlas- que el ''París de antaño'' ya no existe, que se marchó arrastrando consigo todo lo que le pertenece.
Y pese a todo sigro creyendo que: ¡Soñar no cuesta nada!


viernes, 20 de diciembre de 2013

¿Dónde estoy?

¿Dónde estoy? Excelente pregunta. ¿Y por qué es es excelente? ¿Sólo porque realmente no lo sé o porque sólo quiero darle un aura poética a este escrito? Estoy de acuerdo con la primera teoría -no sabría explicar por qué, porque es algo inexplicable- y... ¡Estoy mintiendo! Es evidente que sólo quiero darle un ''aura poética'' a estas líneas y auqnue les parezca irónico, honestamente no sé dónde estoy. Pero, ¿para qué quiero saberlo? Sea cual sea el lugar en donde estoy justo en este momento de mi existencia, me siento inmensamente a gusto. Aunque a la primera opotunidad huría sin pensarlo dos veces. ¿Y por qué huría?
¿Acaso por temor a entrar en un estado de inanición irremediable?... ¡Al diablo! Huir o no me da lo mismo,  porque escaparía de un abismo -creo que esta es la palara mas adecuada para nombrar el desconocido punto en el espacio en el que estoy suspendida- para sucumbir, lenta o súbitamente, en otro.

El ''yo'', de las Memorias del subsuelo de Dostoiesvky, más que vivir en su madriguera, se instaló en ella.
¿Acaso me habré instalado, sin darme cuenta, en este punto desconocido y quizá inescrutable en el que me encuentro? ¿O es que sólo Dostoiesvky se apodera de mí, inmediatamente abro ese libro? Mientras lo averiguo, seguiré degustando mi ''abismo''.

La felicidad sólo está en lo que excita, y sólo el crimen excita: la virtud que no es más que un estado de inanición y reposo, jamás puede conducir a la felicidad.